175 aniversario, el primer diplomático de El Salvador en España
En julio de 1850, un diplomático en Madrid logró un tratado que le otorgó la independencia de España a la República de El Salvador. Sin embargo...
May 11, 2025- 06:00
La última página del semanario oficial del gobierno salvadoreño publicó la buena nueva en su sección A última hora. Era el 11 de octubre de 1850. En ese número y en el siguiente, fechado el 18, la capitalina Gaceta del Salvador en la República de Centro-América dio cuenta de la firma de un tratado de paz, amistad, comercio y navegación, efectuada en Madrid el 25 de julio de ese año. En esa misma fecha, Nicaragua también suscribió un documento histórico similar con el gobierno presidido por Su Alteza Real Isabel II, reina de España entre 1833 y 1868. En ambos textos, la soberana hispánica reconocía las respectivas independencias de ambas naciones centroamericanas.
Ambos tratados de España con El Salvador y Nicaragua seguían el mismo tenor del suscrito con Costa Rica el 10 de mayo de 1850, entre Pedro José de Pidal, marqués de Pidal como canciller español, y Felipe Molina, ministro plenipotenciario costarricense en Londres, París y Roma y enviado extraordinario en Madrid con esa misión específica.
Lee también: El Diario de Hoy, 89 años de hacer país
El gobierno salvadoreño encabezado por el presidente Doroteo Vasconcelos se felicitó por aquel logró diplomático. Después de más de dos décadas tras la firma de las actas independentistas de Chiapas y Guatemala para que la región centroamericana se separara de los imperios español y mexicano, al fin se lograba el reconocimiento de la antigua metrópolis.
En sus siguientes números, el semanario oficial salvadoreño guardó silencio. Nunca divulgó el texto de ese tratado hispano-salvadoreño. Y no lo hizo porque quien lo suscribió no contaba con las cartas credenciales que lo acreditaban para negociar y suscribir un documento de ese nivel internacional, por lo que no fue ratificado. Sin embargo, José de Marcoleta sí contaba con la representación del gobierno y pueblo de Nicaragua desde el 9 de julio de 1850, por lo que ese otro tratado que firmó sí tuvo validez legal. Durante los siguiente 31 años, Marcoleta fungirá en ese cargo del servicio exterior de Nicaragua.

Para solventar aquella incómoda situación ante la corte española, el 29 de agosto de 1850, el presidente Vasconcelos le extendió a Marcoleta -español de nacimiento y nicaragüense por nacionalización desde 1846- las cartas credenciales ante la reina Isabel II, con la indicación de que eran "para solicitar el reconocimiento de la independencia del Estado y celebrar un tratado de amistad, comercio y navegación", como quedó consignado en la Gaceta del 27 de septiembre. Con ese nombramiento y la presentación de sus cartas credenciales a la monarca ibérica en el Real Palacio de Oriente, en una ceremonia desarrollada en la tarde invernal del 14 de enero de 1851, José de Marcoleta se convirtió en el primer diplomático de El Salvador ante el Reino de España.
José Miguel de Marcoleta y Casaus (Madrid, 25.marzo.1801-París, 29.abril.1881) fue criado en una familia dedicada al servicio del rey Carlos IV. A los seis años, entró como seminarista en el Real Colegio de San Fernando de las Escuelas Pías de Madrid, al que reingresó tras huir de Madrid con su familia durante la invasión napoleónica. Fue allí donde adquirió sus conocimientos de francés, retórica, política, gramática, latín, geografía, matemáticas, dibujo militar, astronomía, física, leyes, zoología y economía política.
Entre 1822 y 1826, solicitó en diversas ocasiones ingresar a algún puesto diplomático. En enero de 1827 fue designado agregado en la legación española en la ciudad rusa de San Petersburgo, en el que permaneció hasta octubre por la muerte de su padre y su grave estado de salud. Esa situación lo sumió en grave crisis económica, que lo llevó a aceptar el trabajo de traductor al castellano y adaptador en versión popular de seis tomos en octavo menor de la novela multiventas El judío errante (1844-1845), cuyos diez volúmenes con ideas socialistas y anticatólicas eran obra del parisiense Eugène Sue (1804-1857).
Casado en 1833 con Adelaida Manuela de la Cuadra y Martínez de Aragón, con quien no procreó descendencia, él y sus hermanos deambularon por algún tiempo en varias localidades francesas e italianas, antes de trasladarse a Centroamérica.

Entre 1838 y 1847, Marcoleta trabajó con los distintos gobiernos de los estados de Nicaragua, Honduras, El Salvador, Guatemala, Costa Rica y de la provincia de Panamá. Gracias a ello, se hizo de diversas propiedades urbanas y rurales en puntos como la Mosquitia, Comayagua, Gracias a Dios, Roatán, Olancho, Río Tinto, istmo de Panamá, San Miguel, La Unión, Guatemala, San José y Puntarenas.
Entre 1850 y 1881, José de Marcoleta alcanzó en su palmarés diplomático ser acreditado como enviado extraordinario y ministro plenipotenciario de las Repúblicas de Nicaragua, Honduras y El Salvador ante las respectivas cortes de los reinos de España, Gran Bretaña, Bélgica, Países Bajos, Cerdeña e Italia, así como ante la Santa Sede, Estados Unidos de América y Francia.
Será en Washington D. C. y en París donde las labores diplomáticas de Marcoleta tendrán un amplio escenario internacional, en especial en cuanto a temas espinosos como las intenciones estadounidenses y francesas de abrir sendos canales interoceánicos en Nicaragua y Panamá, así como la pretensión de colonos del sur estadounidense para invadir Nicaragua con filibusteros encabezados por el médico y abogado Dr. William Walker en sendas expediciones, entre 1856 y 1860. Esas acciones en favor de Nicaragua le ganaron la desconfianza de los sucesivos gobiernos salvadoreños asentados en Cojutepeque y San Salvador, en especial el régimen guerrerista encabezado por el general migueleño Gerardo Barrios Espinoza, que contaba con el apoyo directo del general guatemalteco Rafael Carrera Turcios.

Aunque Marcoleta tenía diversas propiedades en la región centroamericana e ingresaba salarios diversos de sus diferentes acreditaciones diplomáticas, su alta nivel de vida en las cortes europeas lo mantenían en un estado permanente de zozobra económica. Por eso, no resulta extraño que solicitara algunas recompensas a gobiernos del istmo, como ocurrió con Costa Rica, a quien había prestado servicios de gratuidad, pero cuyos pagos reclamó a partir de los años iniciales de la década de 1870.
Poseedor de valiosa información acerca de los diversos planes internacionales para la construcción del anhelado canal entre el Atlántico y el Pacífico, el diplomático José de Marcoleta y Casaus adquirió tierras en la selva panameña. por las que discurre el canal de Panamá. Dos décadas después de su muerte, los Estados Unidos y Gran Bretaña suscribieron en 1901 el Tratado Hay-Pauncefote, pactaron con Colombia y lograron la independencia de Panamá. Ese proceso les permitió dar construir la primera versión del paso interoceánico entre 1904 y 1914, cuyas obras fueron inauguradas al comercio mundial y de pasajeros en 1920. Durante esos años, los descendientes de Marcoleta reclamaron y obtuvieron las compensaciones por aquellas propiedades rurales inundadas por el lago Gatún, necesario para el funcionamiento de los mecanismos y exclusas del Canal de Panamá, devuelto a control de esa nación ístmica en 1999, gracias al Tratado Torrijos-Carter de veinte años antes.
La República de El Salvador no consiguió que Marcoleta retomara la suscripción del fallido tratado con España. Lograr el éxito de esa misión ya no le correspondió a él y tendría que llegar el Dr. Francisco Dueñas al Poder Ejecutivo para que se pudiera retomar la negociación, firma y ratificación de ese tratado de reconocimiento de la independencia de la República de El Salvador por parte de la corona española. Pero ya para entonces habían transcurrido quince años y la obra le correspondería a un diplomático francés acreditado por el gobierno salvadoreño. Desde entonces, la historia salvadoreña en general y la diplomática en particular olvidaron a José de Marcoleta y Casaus.
Donde su nombre ha permanecido vigente ha sido en la República de Nicaragua. En Managua, lo ostentan la Escuela Diplomática y una Orden establecida desde el 29 de abril de 1986, la cual está destinada a honrar a nacionales y extranjeros por sus méritos en beneficio de las relaciones internacionales o diplomáticas de Nicaragua con las naciones del mundo, en especial en áreas como paz y amistad.
En este 175 aniversario del inicio de las relaciones diplomáticas entre el Reino de España y la República de El Salvador, es de justicia recordar a José de Marcoleta y Casaus en sus diversas misiones en Europa y Estados Unidos, en especial porque fue pionero en negociaciones internacionales en momentos en que eran un campo incipiente en las acciones de gobiernos como los de El Salvador y el resto de las naciones centroamericanas. Pero, además, porque su nombre y acciones estuvieron vinculados en diversos momentos cruciales de la historia regional, en especial cuando en Centroamérica se daban cita potencias como la inglesa, francesa, estadounidense y española. Unas para buscar nuevos vínculos y reparar resquemores con sus antiguas posesiones, otras para tratar de abrir oportunidades de inmigración y aclimatación social para sus ciudadanos o súbditos y otras para horadar la tierra con sus nuevas tecnologías y permitir así la comunicación navegable entre ambas masas oceánicas.