Caricaturistas salvadoreños de antaño (1900-1940)
Hace más de un siglo, en la República de El Salvador existieron artistas cuyos trabajos plásticos merecen ser rescatados y conocidos por las nuevas generaciones.
May 31, 2025- 06:00
En el principio fue La Idea. Y fue La Idea la que hizo que el cerebro moviera al brazo, el brazo a la mano y la mano empuñó al lápiz. Y éste trazó las líneas y La Idea se volvió arte.
A juicio del artista plástico guatemalteco Carlos Mérida (1891-1985), la caricatura evolucionó junto con la pintura. Como dejó escrito en El Universal Ilustrado (Ciudad de México, 3 de septiembre de 1920), a inicios del siglo XX, la caricatura ya no se limitaba "a copiar, deformándolas, las líneas exteriores de los individuos o de las cosas; la caricatura actual exhibe estados del alma, de ambiente, espiritualizando las líneas, estilizándolas, simplificándolas […]. Esa nueva escuela de la caricatura aprovecha los elementos necesarios al personaje, rodeándolo de un ambiente propicio". Mérida usaba esos términos para definir las caricaturas del salvadoreño Toño Salazar (1897-1986), exhibidas por primera vez en el Teatro Colón, en San Salvador, en septiembre de 1919, con patrocinio del pintor alemán Max Vollmberg.
Antes de Salazar, fuentes secundarias permiten saber que otros salvadoreños habían incursionado en la caricatura y el dibujo humorístico, más al estilo de Goya. Uno fue Juan Francisco Estanislao Cisneros Guerrero (1823-1878), el primer artista plástico nacional, quien hizo trabajos caricaturescos para periódicos y revistas mientras vivió en Cuba. Otros caricaturistas del siglo XIX fueron el narrador y traductor Salvador J. Carazo (1850-1910) y el artista y educador Juan José Laínez Castillo (1868-1937), mientras que uno de los primeros esgrimidores del lápiz en la siguiente centuria fue el escritor y abogado ahuachapaneco Dr. Alfredo Espino Nájera (1900-1928).
Lee también: Coleccionistas se niegan a que los LP y los CD mueran en El Salvador
De 1909 a 1910, los hermanos José y Antonio Dutriz Reffsmann dirigieron en la capital salvadoreña la revista La Caricatura. Para entonces, la gráfica ya formaba parte del periodismo salvadoreño, pues desde 1879 el periódico El Recreo, dirigido por el masón, abogado y docente Dr. Rafael Reyes (1847-1908). Para inicios del siglo XX, era casi impensable un medio impreso salvadoreño que no presentara fotografías, grabados o caricaturas.

En las décadas de 1910 a 1930, revistas sansalvadoreñas como Actualidades, Espiral, Excelsior y el Boletín de la Biblioteca Nacional dieron cabida a muchos caricaturistas y sus propuestas, algunas más clásicas y otras más vanguardistas en cuanto a estilos. Mientras que Óscar Urrutia buscaba emigrar a México para abrirse paso -como lo hicieron Toño Salazar y Tuno Alvarenga-, Salarrué (1899-1975) trazaba con geometría y sus colegas Víctor B. Recinos, Carlos O. Recinos, José A. Cañas (más conocido por sus seudónimos J. C., Cañitas o K-ñitas), Max León y Fernando Rodríguez Amaya (Sonsonate, 1888-San Salvador, 20.enero.1954) se dedicaban a retratar a personajes del ambiente intelectual, militar y profesional del país y del extranjero. Por las mismas fechas, El Salvador daba refugio y trabajo a otros extranjeros dedicados a "la mueca gráfica y la pose ajena", como el guatemalteco Alfredo Juárez Aranda (1893-1978), los colombianos Luis Añez Colomer y Leo Matiz (1917-1998) y el español Carlos González Mon.
En abril de 1931, en San Salvador, Óscar Ríos comenzó a dirigir y publicar su revista Caricatura, con números de 16 páginas. Al año siguiente, el martinato en su primera etapa dictatorial comenzó a vigilar más de cerca esas publicaciones humorísticas, porque algunas de ellas, como el periódico Reforma Social, comenzaban a usar las caricaturas y monos como formas de expresión política, las cuales contaban con amplia difusión popular. El humor siempre ha causado escozor en los poderes establecidos, en especial cuando esos devienen de regímenes férreos o inconstitucionales.

En su primera edición, el sábado 2 de mayo de 1936, El Diario de Hoy presentó una caricatura fotográfica de Francisco Gavidia, hecha por el pionero nacional Aníbal Jesús Salazar Serrano (1854-1957). La lente se unía al lápiz para crear arte.
De ese grupo de caricaturistas pioneros, la internacionalización más evidente fue la de Toño Salazar, seguido por Tuno Alvarenga y Max León.

José Saturnino Hernández Alvarenga nació en el barrio San Juan, en la ciudad de Santa Ana, el 29 de noviembre de 1915, como hijo de la chalateca Arcadia Hernández y del santaneco José Narciso Alvarenga. Aunque quiso ser médico, se dedicó más al dibujo y a la pintura. En 1934 se trasladó a la capital mexicana, donde se inscribió en la Academia de San Carlos para especializarse en artes plásticas. Bajo el alias Tuno Alvarenga, publicó caricaturas en diversos medios impresos mexicanos, como Don Timorato (1944) y Jueves de Excélsior. El artista y activista michoacano Eduardo del Río García, Rius (1934-2017) lo recordó como "un salvadoreño más bohemio que caricaturista", debido a su intensa afición por el alcohol. En 1956, presentó una exposición de su obra en la Junta Nacional de Turismo (San Salvador). En 1964 dio a prensas el folleto 99 cartones de Tuno Alvarenga para La Prensa Gráfica, seguido del portafolio Agustín Lara y los dibujantes. 30 variaciones sobre el mismo tema (1971, 30 láminas sueltas), que él mismo coordinó en homenaje a ese cantautor mexicano. Por sus posturas políticas, en 1966 guardó prisión en el penal Lecumberri. Casado con Rosenda Quinteros, falleció en su casa de la calle Rosas Moreno no. 151 (Naucalpan de Juárez, estado de México), en la noche del 1 de octubre de 1982. Fue sepultado en el cementerio Las Lomas.

Te puede interesar: Roque Dalton revive en el festival "A los locos no nos quedan bien los nombres"
Max León fue el alias de Ángel Maximiliano de León Arana, hijo de Dámaso José Francisco de León Murcia y Francisca Natalia Arana Morán. Nació en la ciudad de Ahuachapán, el 20 de septiembre de 1907 y falleció en Lima (Perú), el 31 de enero de 1972. Tras presentar una exposición de su obra plástica en el Teatro Nacional de San Salvador (1935), en 1936 y 1937 expuso caricaturas de su autoría en las III y IV Exposiciones Nacionales de Artes Plásticas, organizadas por la Asociación Amigos del Arte y el Club Rotario de San Salvador en los salones del Instituto Nacional General Francisco Menéndez, edificio que ahora forma parte de la Alcaldía Municipal de San Salvador. Al residir en Brasil, fue autor de los dibujos del Almanaque Bayer de 1939. Se casó con Sara María Marcionelli, a las 18:30 horas del lunes 1 de enero de 1940, en la capilla del Colegio de San Agustín, en la capital peruana.
Dedicatoria
Para Ruz (Carlos Ruiz Moisa, 1959), Alecus (Ricardo Clement, 1962) y Otto (Otto Meza, 1972), estos apuntes que quizá les sirvan cuando funden el Museo Nacional de la Caricatura.