Recetas con historia: el legado de sorbete artesanal que vive en Isho’s

Julissa Isho tenía apenas 21 años cuando decidió retomar el sueño de su abuelo: llevar el sabor tradicional del sorbete artesanal a nuevas generaciones. Hoy, con Isho’s, rinde homenaje a sus raíces y demuestra que la tradición también puede ser un motor de innovación.

Por G. Martínez Jul 26, 2025- 07:00

En Ahuachapán, el nombre de Alberto Isho es sinónimo de sorbete artesanal. Durante años, este hombre de origen indígena recorrió calles y parques con su carrito lleno de sabor y alegría, ganándose no solo el cariño de la gente por su simpatía, sino también el respeto por la calidad de su producto.

Su historia, sin embargo, no quedó en el pasado: su nieta, Julissa Isho, decidió convertir su legado en una marca que hoy busca llegar a todo El Salvador.

“Isho’s antes de ser lo que es hoy comenzó en la mente y corazón de mi abuelo Alberto Isho”, cuenta Julissa, una joven de 25 años que lidera el emprendimiento con un fuerte sentido de propósito. 

La idea nació en 2021, cuando notó que su abuelo, por la edad, ya no podía continuar con su labor bajo el sol. Fue entonces cuando pensó en una forma distinta de seguir adelante: “Me surgió la idea de ayudarle a venderlo sin necesidad de que él se expusiera al sol y al cansancio”.

Lo que comenzó como un acto de amor se convirtió en una empresa familiar que respira historia y sabor. Pero más allá de la receta, la cual Julissa aprendió directamente de su abuelo, lo que heredó fue una forma de ver la vida y de tratar a los demás. 

“El producto tiene que ser bueno, hay que ser justos con las personas, nunca hay que rendirse ni aún en los días malos”, son solo algunas de las enseñanzas que recuerda con claridad. 

“Esos y muchos más consejos que mi abuelo me dio hoy me inspiran a seguir. Creo que hoy los podría traducir a lo que son los valores de Isho’s: fe, empatía, responsabilidad y pasión”, afirma.

Con la base de la tradición, Julissa se ha permitido también explorar el terreno de la creatividad. El sorbete dejó de ser solo un recuerdo de infancia para transformarse en una experiencia innovadora. 

Julissa y su abuelo, emprendedores cuyas ideas resultan en un sorbete artesanal delicioso, atractivo y creativo.

“Siempre que miraba una fruta pensaba en hacerla sorbete o combinarla con otra más y crear nuevos y atractivos sabores”, relata. Así, en Isho’s conviven lo clásico y lo moderno, pues están los sabores que evocan las tardes con los abuelos, pero también nuevas propuestas pensadas para los paladares más curiosos.

No obstante, la innovación nunca ha sido una excusa para perder la esencia. 

“Innovar siempre es bueno, pero también mantener eso tradicional que todos amamos, eso que ya tiene un mercado establecido”, explicó Julissa, quien tiene claro que el equilibrio entre lo nuevo y lo conocido es lo que mantiene viva la conexión emocional con sus clientes.

Para Julissa, cada sorbete es más que un producto: es una historia que contar. “Tener un buen producto es fundamental, pero tener una historia que contar, un “porqué” que haga que conectemos con el público, ese “porqué” nos identifica y no es más que lo que nos trajo hasta acá”, reflexiona. 

En su caso, ese “porqué” está anclado a la necesidad de proteger una tradición familiar y salvadoreña, de mantener con vida una identidad que corre el riesgo de diluirse en un mundo acelerado.

Hoy, con una visión más grande, Julissa sueña con llevar Isho’s a todo el país. La marca no solo lleva el apellido de su familia como estandarte, sino también la historia de un hombre que con esfuerzo y cariño logró enamorar a un pueblo entero con su sorbete. 

“Con la fe y confianza en Dios y con un legado que nos respalda”, afirma, convencida de que las raíces no son una carga, sino un impulso.

Conoce más sobre este emprendimiento a través de sus redes sociales como Isho's Factory y visita la sorbetería en la 4a Calle Poniente, Ahuachapán.

En cada vaso de sorbete, Julissa sirve más que un postre: entrega la memoria viva de su abuelo, el amor por su tierra, y una invitación a valorar lo nuestro. Detrás de cada sabor, hay una historia que merece ser contada… y saboreada.

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