Llegan primeros salvadoreños deportados de Estados Unidos bajo engaños y de forma exprés
El Centro de Atención Integral para Migrantes Retornados, en la colonia Quiñonez de San Salvador, está recibiendo a decenas de compatriotas deportados pese a tener un trámite de asilo en Estados Unidos. Madres esperan ansiosamente a hijas que no han visto en años, y familias enteras se abrazan de nuevo, no por elección, sino por la cruda realidad de la expulsión.
Jul 09, 2025- 05:45
Maribel espera afuera del Centro de Atención Integral para Migrantes Retornados, ubicado en la colonia Quiñonez (La Chacra), en San Salvador. Su hija, Wendy Olmos, a quien no ve desde hace 14 años, y sus nietas están a punto de llegar. Tras casi dos horas de espera, finalmente se funden en un abrazo lleno de lágrimas.
Su hija residió en Estados Unidos durante 14 años y desde hace 9 empezó a hacer sus trámites para pedir asilo. Nada impidió que fuera deportada junto a su bebé, ciudadana estadounidense nacida allá el pasado 27 de junio. "Ella creía que por ser puntual en todas las audiencias no la podían deportar", explica Maribel, "pero su abogada le informó que ya tenía una orden de deportación".
Wendy detalla la rapidez de su deportación. Tras nueve años en proceso migratorio, y después de una cita de rutina donde le colocaron un grillete, fue llamada nuevamente dos días después. "Me dijeron que tenía que ir a la oficina con las niñas, que era una cita de rutina para ver que las niñas estaban aquí", narra. Al llegar, le informaron que tenía una orden de deportación y no podía salir. Dejó todas sus pertenencias y se vio obligada a regresar. "Según yo, iba a llegar a cocer frijoles en la tarde, pero me devolvieron a mi país", lamenta.
Maribel confiesa que Wendy "no para de llorar", lo que demuestra el profundo impacto emocional de la deportación.
En enero de este año, el Departamento de Seguridad Nacional (DHS) expandió el uso de las deportaciones expeditas, estableciendo que podían realizarse en cualquier parte del país y para cualquiera que no pudiera demostrar la legalización de su documentación en Estados Unidos.
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Varios inmigrantes fueron detenidos por agentes de ICE cuando salían de sus citas en cortes en Seattle, Phoenix, Dallas, Miami, Chicago, Las Vegas, Los Ángeles, Nueva York y Maryland. En algunos casos, denuncian que diez o más agentes esperaban a los inmigrantes para detenerlos.
Ya para entonces, abogados advertían que este cambio traería violaciones al debido proceso. Organizaciones que velan por los inmigrantes advirtieron mayor riesgo para la comunidad de ser puestos en un proceso de deportación rápida y sin derecho a comparecer ante un juez o defender su caso.

Ericka Gaitán, de 25 años, se aferraba a la promesa de un futuro mejor para su hija mientras llegaba a la corte, un edificio imponente que representaba la última parada en su compleja travesía migratoria. Ericka, al igual que Wendy, ha vivido una historia que se ha vuelto demasiado común en el entramado de las deportaciones. Con la inocencia de quien cree en la justicia, se adentraba en el laberinto legal, sin saber que el destino le aguardaba justo a la salida de esa misma puerta.
"Yo entré con la jueza y pues ella me dijo que iba a desestimar mi caso y que tenía un mes para apelar", relata Ericka, reviviendo el momento con una mezcla de sorpresa y desilusión. Había rogado a la jueza que no desestimara su petición de asilo, aferrándose a cualquier hilo de esperanza. Pero la decisión estaba tomada. Con el peso de la incertidumbre sobre sus hombros, Ericka salió de la sala, solo para encontrarse con una escena que la paralizó: agentes de inmigración esperaban, no solo por ella, sino por un grupo de personas que, como ella, acababan de cumplir con su cita legal. El aire se cargó de tensión y el corazón de Erica dio un vuelco al escuchar las palabras que nadie desea oír.
El momento se congeló para Ericka. "Me arrestaron delante de mi niña", susurra, y la escena se pinta con una dolorosa nitidez. Su pequeña, con la inocencia que solo los niños poseen, no entendía por qué aquellos hombres le ponían "las esposas" a su mamá. "Mami, ¿por qué te ponen las esposas?", preguntó la niña, con la lógica implacable de la niñez, "Si eso se les pone a los criminales", dijo. Ericka imploró a los agentes, con los ojos llenos de lágrimas, que no la esposaran frente a su hija, que la protegieran de esa imagen. Pero la respuesta fue un muro de indiferencia: "Estas son las leyes de aquí". Las frías cadenas se cerraron sobre sus muñecas, marcando el inicio de 38 días de encierro y angustia en un centro de detención.
Después de más de un mes de incertidumbre, el pasado 4 de julio las puertas del centro de detención se abrieron. Pero no era la libertad que Ericka soñaba, sino el inicio de su viaje de regreso a El Salvador. "Ahorita yo me siento bien, porque estoy en mi país, pero pues no es la vida que quería para mí y mi hija...", expresa con una voz teñida de resignación. La calidez de su tierra natal contrasta con la frialdad de una deportación que dejó cicatrices imborrables.
Así van saliendo cada uno con una historia tras su deportación. Algunos estuvieron retenidos siete meses antes de su regreso, otros dos meses y medio, y para algunos les toma solo un par de días volver al país.
Respecto al tiempo que vivieron en Estados Unidos antes de ser capturados, las cifras varían drásticamente: treinta años, dieciocho años, nueve años, mientras que otro había residido allí por un año, y algunos apenas iban cruzando. Todos con la ilusión de obtener una petición de asilo para salvaguardar sus vidas.
Las condiciones de detención, según los deportados, son "difíciles". El vuelo de regreso, muchas veces, transporta cerca de 200 personas, incluyendo niños y familias completas. Algunos vuelos salen a las 11 de la noche y aterrizan en El Salvador alrededor de las 11 de la mañana del día siguiente; son esposados y tratados como criminales. La mayoría de ellos cuenta con familiares esperándolos.
Algunos confirman que no importa si los niños nacen en Estados Unidos, la deportación aún ocurre. La semana pasada llegaron varios vuelos con un número significativo de personas. Las historias de estos salvadoreños evidencian la compleja realidad de la migración y el impacto duradero de las deportaciones en sus vidas y las de sus familias.
Entre enero y marzo de 2024, Estados Unidos deportó a 3,610 salvadoreños, mientras que en el primer trimestre de 2025 Migración registró 2,546 nacionales retornados desde el país norteamericano.
Para especialistas en temas migratorios que el 2025 no sea el año con mayor número de salvadoreños deportados desde Estados Unidos a El Salvador, aunque la Dirección General de Migración reporte disminución entre enero y marzo de 2024 respecto al primer trimestre de 2025.
En 2024, un total de 14,189 personas salvadoreñas fueron deportadas desde Estados Unidos. Siete de cada diez de ellas dijeron que migraron hacia ese país por razones económicas. El porcentaje (74.8%) de quienes lo hicieron por ese motivo en 2024 es similar al de quienes fueron deportadas a inicio de este año.
La relación del Gobierno de Nayib Bukele con la Casa Blanca cambió con la llegada de los republicanos al Ejecutivo. Desde enero de 2025, cuando Donald Trump asumió la presidencia de Estados Unidos, El Salvador se ha convertido en un colaborador para su política antiinmigrantes.

Cómo afrontar las deportaciones
Las deportaciones de migrantes en Estados Unidos se han intensificado, afectando a un amplio espectro de personas más allá de los supuestos "criminales". Helena Olea, vicedirectora de Alianza Américas, señala que el objetivo del gobierno parece ser la deportación masiva de individuos en situación irregular, pasando por alto, en muchos casos, sus derechos fundamentales.
“Nos encontramos con relatos preocupantes de detenciones exprés, donde personas son capturadas un viernes y deportadas el lunes siguiente. Esta urgencia subraya la necesidad crítica de que los migrantes conozcan y ejerzan sus derechos, ya que la administración actual está probando los límites de lo legalmente permitido, realizando detenciones sin órdenes judiciales firmadas, lo que a menudo afecta incluso a ciudadanos estadounidenses y residentes permanentes”, añade Olea
Además agrega que muchos hijos de migrantes con estatus legal por haber nacido en el territorio estadounidense vienen con sus madres ya que no tienen con quien dejarlos y con la idea que no queden en manos de instituciones “habría que esperar hasta que cumplan 18 años para que ellos puedan solicitar a sus padres.
Ante esta realidad, la preparación y la organización son herramientas vitales para los migrantes, subraya Olea. Es fundamental que las personas, especialmente aquellos con TPS o solicitantes de asilo, porten siempre copias de sus documentos que demuestren su estatus o trámite en curso. Además, se recomienda encarecidamente tener un "plan de emergencia".

Esto implica designar a una persona de confianza que posea una copia de los documentos y que pueda actuar rápidamente, contactando a organizaciones comunitarias o abogados en caso de una detención. La experiencia demuestra que cuando hay una respuesta organizada y rápida, la situación de la persona detenida puede cambiar, e incluso la intervención de legisladores o líderes comunitarios puede ser clave.
La situación actual exige un nivel de alerta y planificación constante, insiste la vicedirectora de Alianza Américas. Se aconseja establecer un sistema de "cuidado mutuo", donde se avise a una persona de confianza al salir y llegar a destinos, permitiendo que otros identifiquen una posible detención si no hay comunicación.
Es alarmante que citas rutinarias con ICE o en la corte se estén convirtiendo en trampas para detener y deportar personas, incluso violando el debido proceso. Por ello, se recomienda precaución extrema, como evitar llevar a niños a estas citas. La decisión de presentarse o no es compleja y no hay una respuesta única; lo crucial es una evaluación consciente de los riesgos y la planificación exhaustiva de posibles escenarios.
Si la deportación ya ha ocurrido y la persona se encuentra en El Salvador, es vital reconocer que este es un proceso violento y traumático que a menudo conlleva un duelo significativo. Olea enfatiza que el apoyo psicológico es la primera necesidad.
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Posteriormente, la reintegración requiere un acompañamiento considerable: desde encontrar vivienda y medios de subsistencia, hasta la inscripción de los hijos en la escuela y el acceso a servicios de salud. Aunque son pocos los casos de revertir deportaciones, es posible, especialmente si la persona contaba con apoyo legal o comunitario previo. Además, es importante que las personas deportadas sepan que generalmente enfrentan una prohibición de reingreso de 10 años a Estados Unidos.
Finalmente, la vicedirectora de Alianza Américas resalta la deficiente respuesta de El Salvador en la recepción y apoyo a sus ciudadanos retornados en comparación con otros países de la región como México, Honduras o Guatemala, que han implementado programas específicos.
La preocupación aumenta por reportes de detenciones de retornados bajo sospecha de vínculos con pandillas, lo que agrava aún más la difícil situación. Es crucial que tanto el gobierno nacional como los locales perciban el retorno como una oportunidad de desarrollo y creen planes y programas que brinden protección y asistencia a estas personas, reconociendo su potencial como motor de crecimiento social, cultural y económico para el país.
